Miércoles 12 de marzo. Dos viejos asiduos al parqué madrileño desayunan en una cafetería próxima a la Bolsa. Rostros contrariados, serios, llenos de preocupación “¿Qué es peor, el remedio o la enfermad?” dice uno “Sí, el patio debe estar más feo de lo que sentimos, vemos y observamos para que la Reserva Federal de Estados Unidos con otros bancos centrales del mundo de haya hecho lo que ha hecho. Aquí la transparencia sigue brillando por su ausencia y son los anglosajones los que imitan a Juan Palomo, ellos se lo cocinan todo. Y los demás a mirar como se zampan las viandas”, espeta el otro. “O sea, que las medidas adoptadas son para salvarse ellos mismos de la quema”, reflexiona el primero...Media hora después, ya en el patio de operaciones de la Bolsa de Madrid la cantinela era similar ¿por qué medidas tan drásticas y precipitadas? Para que la Bolsa, el último eslabón de la cadena que aún sigue en pie, aunque tambaleándose como un borracho, no se desplome. Pero hay más. Veamos.
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