Las constructoras viven un ciclo recesivo en lo empresarial y en lo bursátil. Las cotizaciones han caído a plomo y algunas de ellas se encaminan al punto de partida del ciclo alcista anterior. Es decir, se han volatilizado todas las ganancias amasadas en los últimos años. El apalancamiento sobre el apalancamiento pasado factura desde el estallido de la Crisis de Crédito el verano pasado. Las garantías han hecho mella en los balances y en los precios de las acciones. ACS, no obstante, respira ahora más tranquila gracias al ajetreo incesante alrededor de su participada Iberdrola. De las garantías ya advirtieron hace unos meses los analistas de JP Morgan: cada vez que el precio por acción de Iberdrola esté por debajo de 9,1 euros, ACS tiene que ampliar garantías de manera automática para mantener su posición en la eléctrica. Como dato curioso, este nivel fue superado el lunes 21 de enero. Ese día el banco de negocios estadounidense calculaba el coste aproximado provocado por la debacle bursátil y estimó un sobrecoste para ACS de 231 millones de euros en forma de garantías adicionales. Según el contrato de financiación suscrito por ACS para tomar el 10% de Iberdrola (más tarde diluido hasta el 7,7% en progresivas ampliaciones de capital), cada vez que los títulos pignorados bajen de 9,1 euros debe aportar nuevas garantías. Además, el Santander negocia fuerte ¿para quién trabaja el banco? Dicen los operadores que para una caja de ahorros, que está vendiendo su posición.
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