Santander hizo ayer oficial lo que el mercado ya sabía, que ampliará capital antes de final de año por unos 3.000 millones de euros para financiar sus compras, su política de crecimiento. La Bolsa, no obstante, va, como siempre un poco más allá y centra su atención en dos satélites del banco que preside Emilio Botín. Banesto y Cepsa llevan desde hace dos meses en el ojo del huracán. La matriz ha desatendido, primero, y diluido, después, los rumores sobre la venta de su posición. La petrolera ha visto crecer su cotización como la espuma, lo contrario que la entidad que preside su hija. En las últimas semanas arrecia la expectativa, salta con más fuerza la sensación de que Santander va a soltar lastre más pronto que tarde, porque las condiciones crediticias y de Confianza han empeorado. Banesto le aporta un gran dividendo, pero no más. Cepsa, mientras tanto, cuenta con enredos políticos, que tarde o temprano desaparecerán o los harán desaparecer.
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